La semana pasada asesoré a un par de conocidas que están interesadas en lanzar un podcast. No sabían por dónde empezar, y en una videollamada de un par de horas les expliqué prácticamente todo: qué equipo necesitaban, cómo estructurar el programa, cómo grabar, editar y publicar… y hasta les sugerí un plan de marketing para empezar a atraer audiencia desde el primer episodio.
Fue una conversación amena, que fluyó con naturalidad. Ellas tenían muchas ganas, y yo tenía mucha información que compartir. Hice el favor con mucho gusto, y al final quedaron muy satisfechas con todo lo que les compartí. Definitivamente ya tienen un concepto realista de lo que conlleva producir un podcast. Salieron con claridad, motivación y un plan concreto para comenzar.
Pero al terminar, me cayó el veinte: esto no fue solo una charla entre amigos. Fue una asesoría profesional.
Y no es la primera vez que me pasa.
A lo largo de los años, muchas personas me han pedido asesoría para sus proyectos, y siempre he ayudado de buena voluntad, sin cobrar un peso. Porque me gusta compartir lo que sé, porque disfruto ayudar, y porque —como muchos— me costaba ponerle precio a mi conocimiento.
Tu experiencia tiene valor. Y tu tiempo también.
No se trata de volverse frío o egoísta.
Se trata de reconocer que lo que tú has aprendido —con práctica, errores y años de experiencia— puede representar un gran avance para alguien más.
- ¿Tú ya sabes evitar errores que a otros les cuestan tiempo o dinero?
- ¿Tienes claridad en áreas donde otros están perdidos?
- ¿Te buscan seguido para “echarles una mano” con algo que dominas?
Entonces sí: estás en posición de cobrar por tu experiencia.
Hoy decidí dejar de verlo como un favor y empezar a ofrecerlo como un servicio formal.
¿Tienes una idea dando vueltas o un proyecto que no sabes cómo estructurar? Podemos trabajarlo juntos en una sesión de asesoría 1:1. Te ayudo a organizar, enfocar y avanzar con claridad, sin rodeos.
Branding, contenido digital, música, marketing, podcasts o negocios creativos… tú traes la idea, y yo te ayudo a darle estructura y dirección.
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Si esto te hizo darte cuenta de todo lo que ya estás regalando, te invito a que hagas lo mismo que yo:
Reconoce lo que sabes. Dale forma y valor.
Tu conocimiento no es casualidad: es resultado de lo que has vivido y construido. Compártelo con claridad, con propósito… y sin miedo a cobrarlo.